La casa de los colores

_JGB3105En algún lugar entre  el verano y el otoño está la casa de los colores.

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Verde (III)

 

_JGB7372_BW1La primavera viene a amplíar la paleta de colores y formas del bosque. Toda una pléyade de bichos y flores reparten color aquí y allá. Y el verde sempiterno de desenrolla de las hojas del helecho en volutas que poco a poco van convirtiéndose en el tapiz de fondo de la primavera. ¿Lo ves?

Pom-pom

Img054Como hay agua, hay corazón. Late en el estanque el nenúfar al ritmo de la vida, con su pom-pom imperceptible que riega de vida al agua con su fluido color y sonroja la superficie del agua enamorada. Como hay agua, hay corazón… pom pom, pom pom…

Primavera (IV)

_JGB0370.jpgEs primavera, el Sol se ha perdido en el agua, escondido, tímido, no quiere que se le moleste. Molesta resaca de un invierno.

Acurrucado

_JGB5315En estos caprichosos días de marzo, cuando el sol se envalentona a veces con el invierno, en el regazo del alcornocal, algún castaño acurrucado comienza a brotar en yemas cuando, en el abrigo de sucobijo, olvidó dejar caer las hojas otoñales.

Pregunta

_jgb5849“Soledad en invierno. Quisiera hacer una pregunta a Buda”

Masaoka Shiki

Caidas (IX)

_jgb5792Tristezas cálidas del otoño sometidas al hielo de la noche. Las contemplo lentamente, con esa lentitud con la que se derrite el hielo al final del invierno

Luz

_jgb5224¡Qué grande es el mundo a la luz de las cosas diminutas! Bajo esa luz en la que aprendemos que tiene de la Naturaleza nuestra propia existencia.

Sinceridad

_jgb5176“Trabajaron con una triste sinceridad sin poder librarse de Dios… Plantaron, aunque no lo sabían, el arbol de la conciencia para que floreciera su belleza”

Y así es desde la primavera y sus bichos, hasta el otoño y sus hojas pintadas y los frutos maduros. Dios creciendo hacia donde creimos que Dios crecía, hasta darnos cuenta de que Dios somos nosotros y cada objeto que observamos y hace crecer en nosotros la belleza.

Caidas (VI)

_jgb3069Es que entre tormentas, nos damos a las hojas caidas, a los vientos recios y a los tumultuosos arroyos. El cielo, abandonado a su suerte gris, nos acoge entre los troncos y nos arropa con un viento frío como una madre salvaje que, a su manera, nos ama.